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Cancún, a tres pasos de los 50

20 abril 2017 | en Adriana Varillas | 2 Comentarios

Hablar de Cancún es tan apasionante como vivir en Cancún. Conocer su historia, que empezó a finales de la década de los 60’s, como una Fantasía de Banqueros, según lo escrito por el periodista, Fernando Martí o saber que es la primera ciudad moderna, creada en México, por mexicanos, sin la influencia colonial de los españoles, como suele narrar Tiziana Roma, pionera de nuestra ciudad.

Un Plan Maestro jamás diseñado antes en México, sirvió para crear este destino turístico. Ese instrumento de planeación, casi perfecto, contempló vías carreteras y un aeropuerto internacional y estableció topes de crecimiento en número de cuartos y niveles de altura de los hoteles, bajo un vanguardista concepto denominado “crestas y valles”, para dejar ventanas al mar y permitir el disfrute visual del paisaje.

Don Sigfrido Paz Paredes, encargado del Proyecto Cancún, solía contar que el diseño original buscó a toda costa que turistas y habitantes estuviéramos siempre en contacto visual con el agua, del lado del mar y de la laguna, porque el agua ofrece sensaciones de serenidad y paz.

La Doctora Christine MCoy en su tesis doctoral expone que jamás se pensó construir puentes sobre la Laguna Nichupté como alternativa de movilidad, pero sí se contempló la operación de cuatro ferries que trasladaran a la gente para cruzar el cuerpo lagunar, que por supuesto no estaba contaminado como lo está desde más de una década, la Laguna Bojórquez.

Se pensaba construir un aviario, un museo etnológico, un teatro al aire libre, un acuario y un museo de rescate submarino. En la zona de los colegios privados se previó edificar un rancho de tenis; en el Malecón Cancún, hoy Tajamar, se ideó un jardín botánico; donde está el Club Casablanca, un zoológico y un criadero de tortugas a la altura de la Laguna Río Inglés.

No hay nada de eso. El Plan Maestro no se respetó y los límites se ignoraron.

La investigación de la propia MaCoy indica que en los últimos 45 años Cancún –o sea nosotros- somos líderes en turismo, pero perdimos el 77 por ciento de nuestras selvas; 64 por ciento de las dunas costeras y 68 por ciento de los humedales.

También perdimos el 97 por ciento de la extensión de nuestras playas, esas que atraen a los 5 millones de turistas que nos visitan anualmente.

Cancún, equiparado con el Sueño Americano, por su oferta de empleo y su calidad de vida, ofrece trabajos mal pagados, siendo una ciudad cara. Los empleados del sector turístico ganan en promedio 10 mil 500 pesos mensuales; una renta en el centro está en cinco mil pesos y el transporte urbano es además de caro, pésimo.

Los horarios extenuantes tampoco permiten el descanso y convivencia familiar de las y los residentes; la depresión es un problema de salud que va en aumento, ligado al consumo de drogas y alcohol. La violencia feminicida es muy grave y tiene a la ciudad al borde de una Alerta de Género.

Hoy celebramos con orgullo el éxito que también somos. Los 21 millones de pasajeros que anualmente moviliza el Aeropuerto Internacional, sus premios como el mejor destino turístico y los millones de dólares captados en derrama turística.

Seguramente muchos bendicen que pese al preocupante aumento de la delincuencia y de los delitos de alto impacto, de las patrullas que de pronto resuenan en las calles y de los soldados en las playas, no hay cancelaciones y el turismo y la vida fluyen todavía con normalidad. ¿Qué es lo normal?

Hoy festejamos 47 años. Es buena oportunidad no sólo para reflexionar sobre cómo llegaremos a los 50. Quizá sea buen momento para actuar con gratitud, con honestidad, valentía y sentido de comunidad, corrigiendo los pasos; actuar con verdadero amor por esta pequeña patria de sales, soles y solos, que a ti y a mí, nos ha dado el privilegio de ser mejores cada día, en el mejor lugar. Cancún.

 

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